Estoy ciego y siento miedo
de no volver a despegar
y me obligo a esperar,
a que baje el cielo
y me resigno, yerro
y me resigno a no llorar
resignado a empezar
cada minuto, de cero
de cera, es el lamento
que escupe mi alma,
de plata son las velas
de los cipreses de la calma
tiñen las campanas
tañen las pinturas
provocan mil rupturas
las velas de mi alma
azulismo prematuro, perlada
bañan la sepultura
la cuidan, la desnudan,
bajo tierra, sola entre gravas
grave, es el sonido del eco
de mi voz
el sufrido ronquido del
adiós
despertado, dormido
de dolor
de niebla, ahora los sentidos
suspiros malditos, esquivos
en manos de niños
bajo caminos, caminos perdidos
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